miércoles, 23 de junio de 2010

Discurso para la Legislatura sobre Matrimonio Homosexual :::

Bajo la premisa de que “es cobarde el que calla”, quisiera hablarles desde mi rol de joven ciudadano de la Nación Argentina, sobre la posibilidad de concebir a la uniones homosexuales como matrimonio.

Es sabido que la juventud de hoy sufre del síndrome de la decepción de las instituciones. Ante todo la institución del Estado y quienes se dicen representar a sus ciudadanos. Decepción de escuchar promesas no cumplidas, decepción de no concebir coherencia entre lo que se dice y lo que se hace y, ya que viene al caso: decepción de que se prioricen intereses de minorías antes que el cuidado de valores universales.


Para el padre de la sociología Émile Durkheim, existen tres causas de suicidios. Uno de ellos responde a la anomia social. Es decir, el desamparo de reglas que permiten regularnos, acomodarnos y sentirnos dentro de un marco social seguro. La anomia, que no es otra cosa que “las faltas de normas”, conducen al caos e irremediable al suicidio. Por eso, no es casual que entre personas homosexuales haya un gran índice de suicidios, aún en aquellos estados donde se han legislado uniones homosexuales.


Hoy, a favor de la juventud, les pido que nos concedan seguir teniendo leyes que nos permitan un marco seguro y referencial basado en valores universales. Valores que como argentinos, desde el nacimiento de la Patria y la redacción del preámbulo de la Constitución Nacional, hemos decidido que estén asentados sobre la Biblia. No somos nosotros, a quienes llaman “los religiosos”, los que caprichosamente invocamos a Dios y su Palabra como fuente de toda verdad y sabiduría para permitir reformas en nuestra legislación. No somos nosotros, sino aquellos de quienes hemos heredado lo que hoy somos y tenemos como País.


Hoy les pedimos que nos permitan crecer a nosotros, sus jóvenes, y a nuestros hijos, quienes aún no conocemos pero amamos, dentro de regulaciones que den cuenta de la armonía natural y moralidad minuciosa que nos llevara a la creación de una sociedad civilizada y progresista. Porque creemos que el progreso no está en el “permiso”, sino en la rectitud que nace de no confundir a lo bueno con lo malo.


Muchas gracias.



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